Reseña Bioshock Infinite

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Por Roberto Vizzuett

Infinite tal vez se aleje de la distópica y sumergida ciudad de Rapture, pero logra mantener mucho de la esencia que hace ser un juego de Bioshock precisamente, Bioshock. Contrario a como sucede en el primer título, Booker DeWitt –nuestro personaje principal— posee una personalidad definida y diálogos, es un detective privado inmerso en infinidad de deudas por apuestas, a quien le han ofrecido eliminarlas a cambio de liberar a una chica de la ciudad de Columbia y llevarla a Nueva York, el año es 1912.

Booker es llevado en un pequeño bote a un faro, en el océano muy al estilo de cómo Jack llega a Rapture. Sin más indicaciones, DeWitt recorre el faro hasta que finalmente encuentra la forma de ser llevado a  Columbia.  Aquí es donde las cosas empiezan a distanciarse de cómo suceden en Rapture. En el momento que Columbia aparece detrás de una capa de nubes, deja ver su majestuosidad, sin signo alguno de estar abandonada.  En este punto estamos en una verdadera ciudad utópica, una sociedad que a logrado vivir independientemente más de 10 años en una ciudad flotante.

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Al recorrer por primera vez las calles de Columbia  inmediatamente viene  a la mente estar recorriendo un parque de diversiones al estilo Disneylandia. La ciudad esta dividida en bloques los cuales atracan a determinada hora entre si, incluso podemos llegar a escuchar a un grupo de personas quejarse de la inconveniencia de que los edificios no atraquen a tiempo. A esta altura no somos más que un ciudadano recién llegado a la ciudad de Columbia, una ciudad fundada por Zachary Hale Comstock en base a un fuerte fervor religioso que mezcla el cristianismo con la adoración a los fundadores de los Estados Unidos como figuras divinas. La sociedad de Columbia se siente por encima de los habitantes del resto del mundo viendo a todo aquel que no es estadounidense y blanco, como un parasito.

Infinite se aleja del “survival horror” característico de las dos primeras entregas, lo cual es bastante justificable, Rapture se encontraba en ruinas  con habitantes dementes y deformes por el uso excesivo de plasmid. Columbia por otro lado, en esencia, es una típica ciudad estadounidense de finales del siglo XIX y principios de sigo XX. Infinite ofrece el equivalente a los plasmid — los Vigor — con efectos similares a los encontrados en los juegos anteriores, por lo que la dinámica del gameplay se mantiene muy similar a la que ya estamos acostumbrados y en vez de EVE, se requiere de “Sales” para poder usar los Vigor.

Es cuando encontramos a Elizabeth que la cosas comienzan a cambiar, ella nos ayudará a recolectar municiones, kits de salud, vigor y sales. Afortunadamente no hay que preocuparse por que esté siendo atacada o cosas por el estilo, así que no se convertirá en una carga tenerla como acompañante.  El verdadero valor de Elizabeth se da relucir cuando comienza a hacer uso de su habilidad para abrir portales, con los cuales se pude colocar objetos de una dimensión paralela en el escenario; como torretas, bots aéreos,  balcones, trincheras y barriles o cajas con armas, vigor, sales y kits de salud. Elizabeth solo pude tener abierto un portal a la vez, por lo que hay que decidir cual de los objetos disponibles a través de los portales es de mayor utilidad al momento, aunque uno pude cambiar de portal en cualquier instante.

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La forma de trasladarse rápidamente a través de Columbia es por medio de una vía férrea aérea, llamada Skyline, el Sky-Hook que se adquiere poco después de comenzar el juego es la herramienta que nos permite usar la línea aérea además de servir como arma de contacto.  Esto abre una nueva dinámica de ataques, ya que Dewitt pude abalanzarse sobre un enemigo desde la vía o disparar mientras la recorre.

Sin duda el elemento estelar en Bioshock Infinite, es la historia y la forma en la que esta se va develando a lo largo del juego. El eje central es la premisa de los mundos paralelos, los cuales son formados cada vez que alguien realiza una decisión, así que estos mundos o universos paralelos representan todas las variantes posibles.

Parte de esto fue mostrado en los primeros demos de Infinite, cuando Elizabeth abre un portal en el que se puede ver la marquesina de un cine, anunciado “Revenge of the Jedi” – título original de “Return of the Jedi” – cerrándolo poco antes de ser atropellada por una ambulancia.  Por medio de voxophones (grabadoras de audio) y cinetoscopios se nos revela más de la trama muy al estilo de entregas pasadas.

Columbia cuenta principalmente con dos facciones, Los Fundadores y el Vox Populi. Los primeros son la clase alta, quienes controlan la ciudad y son liderados por el Padre Comstock . Los segundos, son una rebelión que originalmente buscaba equidad para aquellos que fungían como la clase trabajadora de Columbia y no eran blancos-americanos.

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Y no olvidemos a Songbird, una mezcla de ave mecánica con rasgos de Big Daddy, el encargado de cuidar y mantener a Elizabeth encerrada en Columbia. En muchos aspectos, el vínculo entre los dos es muy similar a de los Big Daddy y las Little Sisters, aunque la participación de Songbird a lo largo de juego no están frecuente como la de los Big Daddy. Ese papel recae en los Handymen – humanos acorazados en un cuerpo mecánico, reteniendo únicamente el corazón y la cabeza – los cuales son uno de los enemigos más difíciles del juego seguidos por los Patriots motorizados, los cuales son en su totalidad robots con el rostro ya sea de Washington o Comstock y un tercero, más adelante en el juego, con la cara de Lincoln.

Pocas cosas fallan en Bioshock Infinite; el sistema de combate básico, cambia muy poco de los primeros juegos, trayendo con ello los mismos problemas. Así que el uso de armas no es tan preciso cómo uno quisiera.  Por otro lado, resulta curioso como la zona en la que uno se encuentra, se vacía mágicamente de civiles al ser uno detectado como enemigo. En segundos un lugar pasa de estar fuertemente concurrido y vivo, a ser un pueblo fantasma. Basta con darle la espalda a un grupo de NPC, avanzar un par de pasos, y volver a voltear para descubrir que estos desaparecieron.  Lo cual quita esa sensación de estar uno realmente en una ciudad habitada y deja ver lo fuertemente predispuestas que se encuentran las acciones de los personajes no jugables del juego.

Fuera de ello, recorrer Columbia y desentrañar la historia, al tiempo que surgen nuevas interrogantes, es toda una experiencia.  Y aunque Infinite deja de lado el “Survival Horror”, el título ofrece ciertos momentos que complacerán a aquellos que lleguen extrañar la obscura ciudad de Rapture.